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El chakra raíz habla del cuerpo, del peso, de la permanencia. Es la relación con la tierra y con la posibilidad de existir sin pedir disculpas. Aquí viven el miedo, la supervivencia y también la memoria más antigua del cuerpo.
El chakra sacro está relacionado con el deseo, el placer y el movimiento emocional. Es agua: cambia, fluye, se desborda. Habita en los lugares donde el cuerpo aprende a sentir sin vergüenza.
El plexo solar es la voluntad. La pregunta por quién sostiene la mirada y quién se encoge frente al mundo. Aquí arde el fuego del ego, la disciplina, la identidad y la rabia contenida.
El corazón es el centro del duelo y del afecto. Un espacio donde el cuerpo recuerda lo que amó y también aquello que perdió. Amar puede ser una forma de abrirse o de romperse lentamente.
La garganta guarda las palabras que nunca fueron dichas. Habla de la voz, de la respiración y de todo aquello que el cuerpo calla para sobrevivir. También es el lugar donde nace el canto.
El tercer ojo está relacionado con la intuición y la imaginación. No mira hacia afuera sino hacia adentro. Es la visión de los sueños, los símbolos y las cosas que existen incluso cuando no pueden explicarse.
La corona representa la disolución del yo. El instante donde el cuerpo deja de sentirse individual y se vuelve parte de algo más amplio: luz, silencio, memoria, universo. No es un final; es una apertura.